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miércoles, 28 de enero de 2015

Sanidad que viene de lo alto

Lo primero que tengo que decirte es que Dios NO envío esa enfermedad a tu vida, porque dice en Santiago 1:17:



"Toda BUENA dádiva y todo DON PERFECTO viene de lo alto, desciende del Padre de las luces, con el cual no hay cambio ni sombra de variación."
Pero hay buenas noticias, la palabra de Dios también dice en Romanos 8:28:
"Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a Su propósito."
Eso quiere decir que aunque estés enfermo, Dios va a usar esa trampa del diablo y la va usar para tu bien. No solamente serás sanado, sino que a través de tu sanidad tu y todos a tu alrededor conocerán a Dios.

A este punto muchos me dirán: "Si Dios quiere sanarme, ¿por qué no la hecho aún?" Tal vez has ido a cientos de doctores, hecho miles de exámenes, probado cuantos tratamientos hayas escuchado, y aún sigues viviendo con esa enfermedad.

Pues hoy Dios te dice: No en las fuerzas humanas, sino en las mías. Para Dios sanarte necesita que tu fe esté puesta en Él. Porque muchas veces creemos que es un doctor o médico quien nos sanará, y no me malentiendan, Dios los usa maravillosamente para sanar a las personas, pero nuestra fe debería estar en el Señor y su PODER.

En Salmos 146:9b dice: "...pero frustra los planes de los impíos." Y si buscamos en un diccionario la palabra impío encontraremos la siguiente definición:

Impío: 2. Incrédulo, ateo, que no respeta lo sagrado.

¡Dios frustra los planes de los incrédulos! ¿Quieres saber por qué? Porque Dios no puede actuar en la vida de los incrédulos. El frustra sus planes, para que se den cuenta que solo con la mano de Dios puedes lograrlo.

Cuando entiendas esto, verás que Dios puede hacer en un segundo, lo que médicos y especialistas no pudieron hacer en años: DARTE TU SANIDAD.

Persevera y decídete a alcanzar tus metas



¿Por qué existen tan pocos seres excepcionales y tantos mediocres? Hay una única explicación. Independientemente del perfil genético o de las cualidades de cada individuo, hay una característica común a cada uno de algunos hombres que dejaron su marca en la historia.

Todos y cada uno de estos pusieron su corazón en lo que estaban haciendo y se comprometieron con el objetivo que se habían determinado. No les importó las contras, las dificultades o los problemas que pudieran tener que enfrentar, sabían a donde querían llegar y nada iba a detenerlos hasta lograrlo. Difícilmente alguno de nosotros podremos ser alguien con ese renombre o perfil. Es complicado que personas comunes y corrientes alcancen notoriedad, fama o poder.


Pero hay algo que definitivamente deberíamos copiar. La perseverancia. Daniel había aprendido esto desde muy chico. Y siendo muy joven, apenas un adolescente en una sociedad contraria, presionado por el contexto para hacer lo malo, con malos ejemplos que debían ser imitados, sin la presión del control de sus padres o maestros, solo con su alma, él decide no contaminarse.



No fue una decisión improvisada, ni producto de la emoción de un campamento o una noche de consagración. Fue una elección meditada y consciente, en la que involucró su pensamiento, su voluntad y su emoción. Puso todo su corazón en esta decisión y por eso la puso sostener a lo largo del tiempo. Los antiguos asociaban el corazón con el alma de las personas. Y el alma es un concepto tripartido. Se compone de la mente, que origina los pensamientos; de la voluntad, el impulso para tomar acciones en relación al pensamiento y de la emoción, el sentimiento y la pasión necesaria para llevar a cabo esas acciones.



¿Querés mantener tus decisiones a lo largo del tiempo y alcanzar las metas que te propusiste? Proponértelo en tu corazón, pone en ese objetivo toda tu mente, toda tu voluntad, y toda tu pasión.
 
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